Mientras Cancún enfrenta problemas de movilidad, colonias sin pavimentar, servicios públicos deficientes y ciudadanos que exigen respuestas, parece que algunos funcionarios ya iniciaron la carrera rumbo al próximo proceso electoral.
Uno de los casos que más llama la atención es el del secretario general del Ayuntamiento de Benito Juárez, Pablo Gutiérrez Fernández, cuya presencia en redes sociales y eventos públicos ha crecido de manera acelerada. Recorridos, reuniones, inauguraciones, protestas, bloqueos… prácticamente cualquier actividad termina convertida en contenido para fortalecer una imagen política.
El problema no es aparecer. El problema es cuando la imagen comienza a ocupar más espacio que los resultados.
Mientras cientos de familias siguen esperando soluciones reales, la percepción es que existe una estructura completa dedicada a posicionar al funcionario. Fotógrafos, videógrafos, publicaciones permanentes y un ejército de aplaudidores que celebran absolutamente todo, incluso aquello que forma parte de las obligaciones básicas de cualquier servidor público.
Porque atender un bloqueo, recorrer una colonia o gestionar maquinaria no son logros extraordinarios; son responsabilidades del cargo por el que reciben un salario pagado por los ciudadanos.
A ello se suman los señalamientos que han rodeado al funcionario durante su trayectoria, entre ellos denuncias por presunta violencia laboral y cuestionamientos sobre el manejo del gasto público. Más recientemente surgieron versiones que apuntan a que un colaborador cercano encabezaría una presunta campaña de desprestigio contra la empresa transportista Como Xelbor, situación que, de confirmarse, abriría nuevos cuestionamientos sobre el uso de la estructura gubernamental para fines ajenos al interés público.
En días recientes también generó inconformidad su declaración respecto a que el Ayuntamiento no puede pavimentar colonias irregulares y que quienes lo hicieron en administraciones anteriores terminaron enfrentando procesos penales por presunto desvío de recursos. Para muchos habitantes, esa respuesta sonó más a justificación que a solución.
Pero quizá el mayor riesgo no esté en las críticas de la oposición, sino en la estrategia de comunicación que hoy parece rodearlo.
Existe la vieja idea de que mientras más aparece un político, mejor posicionado estará. Sin embargo, la historia demuestra exactamente lo contrario: la sobreexposición termina cansando. Cuando todos los días aparecen las mismas fotografías, los mismos recorridos, los mismos discursos y los mismos aplausos, el mensaje deja de generar empatía y comienza a provocar hartazgo.
Los llamados “expertos” en imagen política deberían recordar que la ciudadanía ya no premia únicamente la presencia mediática; hoy exige resultados, transparencia y soluciones.
Y apenas estamos viendo el principio.
Los tiempos electorales se acercan y todo indica que veremos a más de un aspirante prácticamente hasta en la sopa, intentando convencer a los ciudadanos de que son la mejor opción para gobernar Cancún.
La pregunta será muy sencilla:
¿Recordaremos sus publicaciones… o sus resultados?
Porque al final, las campañas duran unos meses. Las consecuencias de un mal gobierno, varios años.
