Isis Espinola
Era una noche de viernes cuando Andrés, el gerente de una empresa transnacional se disponía a salir de su oficina para descansar, tan pronto como puso un pie fuera del edificio una bomba estalló. No una literal, sino virtual. El jefe de sistemas le comunicó que estaban teniendo graves problemas con unas computadoras. No tardaron en darse cuenta que estaban siendo atacados por un virus que cifraba la información.
Ninguno de los protocolos que conocían parecían funcionar. Un mensaje apareció en la pantalla en el que se leía: “todos tus archivos han sido cifrados, para recuperarlos debes pagar, es la única forma, no intentes nada más”. Pero esto no detuvo al personal informático. En un instante más, encontraron el detonador; era el correo electrónico que alguien abrió sin malicia, al seguir el hilo de la investigación se encontraron con el origen. Un empleado fue sobornado y utilizó una USB de manera malintencionada en una computadora que no le pertenecía. Al activarla puso toda la información importante de clientes y directivos en riesgo.
Éste, es un caso real, nos muestra que proteger nuestra información y datos personales, no es un lujo, sino una necesidad imperante y que el factor humano sigue siendo vital para lograrlo.
Con el auge de plataformas digitales, almacenamiento en la nube y el trabajo remoto, las organizaciones enfrentan un creciente número de amenazas cibernéticas que pueden poner en riesgo su estabilidad económica, información sensible y su reputación, de esta forma la ciberseguridad se ha convertido en un aspecto fundamental para la supervivencia y competitividad de las empresas.
Un panorama de desafíos en constante evolución
El cibercrimen ha evolucionado con rapidez, aprovechando las brechas de seguridad que muchas empresas suelen pasar por alto. Desde ataques de ransomware; donde se secuestra información que será liberada por medio de un nip, una vez que se pague el rescate. El robo de datos sensibles mediante phishing, donde los atacantes se hacen pasar por entidades legítimas, como bancos, instituciones o familiares, con el fin de generar confianza para persuadir a la víctima a realizar alguna transacción bancaria u obtener datos específicos importantes. Los fraudes electrónicos son otra de las tácticas utilizadas por ciberdelincuentes con acciones cada vez más sofisticadas.
De acuerdo con cifras de la consultora internacional Cybersecurity Ventures, se estima que para el 2025 los daños que causará el cibercrimen se ubicarán en los 10,5 billones de dólares anuales, cifra que subraya la gravedad del problema.
Por otro lado, de acuerdo con el ESET Threat Report H1 2023, el promedio de ciberataques diarios detectados en el primer semestre de 2023 fue de 2.244, el cual incrementó un cuatro por ciento durante el 2024.
Asimismo, el ESET Security Report 2024 reveló que en el 2023 alrededor del 30 por ciento de las organizaciones en América Latina sufrieron un incidente de seguridad, donde los sectores de gobierno, la banca y finanzas fueron los más afectados.
Empresas de todos los tamaños están expuestas, aunque las pequeñas y medianas son las más vulnerables debido a sus limitaciones de presupuesto y recursos dedicados a la seguridad informática. Además, la falta de conciencia sobre las amenazas digitales aumenta el riesgo de sufrir ataques devastadores.

Consecuencias por no contar con ciberseguridad
Los ataques cibernéticos no sólo afectan los sistemas informáticos de las empresas, sino que su reputación y credibilidad se ve fracturada frente a clientes, proveedores y socios. Por ejemplo, una filtración de datos puede exponer documentación confidencial de los clientes, lo cual no solo implica sanciones legales en muchos países bajo leyes como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo o la Ley Federal de Protección de Datos en México, sino también a una pérdida de confianza que puede ser irrecuperable.
En términos financieros, el impacto también puede ser devastador. Según un informe de IBM, el costo promedio de la exposición de datos confidenciales en 2023 alcanzó los 4,45 millones de dólares. Esto incluye no solo la recuperación de los sistemas comprometidos, sino también los daños legales, las multas regulatorias y la pérdida de ingresos.
Importancia de una estrategia integral de ciberseguridad
Ante este escenario, resulta imprescindible que las empresas adopten una estrategia integral de ciberseguridad que incluya tecnología, procesos y cultura organizacional.
En la inversión en tecnología de protección se cuenta con firewalls, software antivirus, sistemas de detección de intrusos y soluciones de respaldo en la nube, lo básico para proteger la infraestructura tecnológica de una empresa.
La capacitación y concientización del personal es un elemento indiscutible, pues los empleados suelen ser el eslabón más débil en la cadena de seguridad. Educar a los colaboradores sobre buenas prácticas de seguridad, como reconocer correos electrónicos fraudulentos o proteger contraseñas, no sólo de manera teórica, sino mediante vivencias prácticas, puede prevenir errores humanos que abren la puerta a ataques.
De acuerdo con un estudio de CybeReady, plataforma de formación sobre ciberseguridad, el 90 por ciento de los ciberataques que ocurren con éxito se deben a errores humanos, víctimas de phishing o de falta de protocolos, lo que pone a la vista la ausencia de conciencia en dirigentes y directivos ante la necesidad de conocimientos que reduzcan brechas con el fin de mitigar riesgos.
La experiencia que nos ha dejado la tecnología hasta ahora, es que los mejores sistemas del mundo no valen nada, si las personas que los usan no están preparadas. Por lo tanto, el factor humano es vital. Un proceso adecuado de selección, capacitación técnica oportuna y utilizar simulaciones de ataque real, son las mejores acciones para que se comprenda las graves consecuencias de un pequeño descuido, cada click importa.
Implementar sistemas de vigilancia 24/7 que detecten y respondan rápidamente a posibles amenazas es crucial para minimizar daños. Así como políticas de seguridad robustas, con protocolos claros de conservación de datos, planes de contingencia y recuperación ante ataques.
La ciberseguridad como ventaja competitiva
Lejos de ser un gasto, la ciberseguridad hoy por hoy será vista como una inversión estratégica. Pues priorizar la protección de información no sólo mitigará riesgos, sino que ganará una ventaja competitiva al generar confianza en los clientes y en los grupos de interés fuera y dentro de cada institución o empresa.
No hay que olvidar que la confianza digital ya es un activo valioso, y las organizaciones que demuestren un compromiso serio con la ciberseguridad tendrán mayores posibilidades de crecer y mantenerse en el tiempo, ya que no sólo se exponen a perder información crítica, sino también a hipotecar su futuro en un entorno cada vez más desafiante; donde la pregunta a responder no es si pueden ser atacadas, sino cuán preparadas están para cuando esto suceda
